Tesoro Viviente de Norma Menna
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LAS CIUDADES INVISIBLES

August 31

ITALO CALVINO
Nació en 1923 en Santiago de las Vegas (Cuba). A los dos años la familia regresó a Italia para instalarse en San remo (Liguria). Publicó su primera novela animado por Cesare Pavese, quien lo introdujo en la prestigiosa editorial Einaudi. Allí desempeñaría una importante labor como editor. De 1967 a 1980 vivió en París. Murió en 1985 en Siena, cerca de su casa de vacaciones, mientras escribía Seis propuestas para el próximo milenio.

El atlas del Gran Kan contiene también los mapas de las tierras prometidas visitadas con el pensamiento pero todavía no descubiertas o fundadas: la Nueva Atlántida, Utopía, la Ciudad del Sol, Océana, Tamoé, Armonía, New – Lanark, Icaria.

Pregunta Kublai a Marco:

  • Tú que exploras a tu alrededor y ves los signos, sabrás decirme hacia cuál de esos futuros nos impulsan los vientos propicios.
  • Para llegar a esos puertos no sabría trazar la ruta en la carta ni fijar la fecha de arribo. A veces me basta un retazo que se abre justo en el medio de un paisaje incongruente, unas luces que afloran en la niebla, el diálogo de dos transeúntes que se encuentran en pleno trajín, para pensar que a partir de ahí juntaré pedazo por pedazo la ciudad perfecta, hecha de fragmentos mezclados con el resto, de instantes separados por intervalos, de señales que uno envía y no sabe quien las recibe. Si te digo que la ciudad a la cual tiende mi viaje es discontinua en el espacio y en el tiempo, a veces rala, a veces densa, no creas que hay que dejar de buscarla. Quizás mientras nosotros hablamos está asomando, esparcida dentro de los confines de tu imperio; puedes rastrearla, pero de la manera que te he dicho.
  • El Gran Kan ya estaba hojeando en sus atlas los mapas de las ciudades amenazadoras de las pesadilla y las maldiciones: Enoch, Babilonia, Yahóo, Butúa, Brave New World.

    Dice:

  • Todo es inútil, si el último fondeadero no puede ser la ciudad infernal, y donde, allí en el fondo, en una espiral cada vez más cerrada, nos absorbe la corriente.
  • Y Polo:

  • El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio.
  • EL CONEJO Y EL PASTOR ALEMÁN

    May 9

    Esta es la historia de dos vecinos que eran buenos amigos y que decidieron comprarles a sus hijos sendas mascotas. Uno compró un conejo, mientras que el otro compró un cachorro de pastor alemán. El primero protestó pensando que el perro se comería  a su conejo, pero el otro objetó diciendo que, al ser ambos cachorros, crecerían juntos y llegarían a hacerse amigos. Y así fue. Era normal ver al conejo jugando en el patio del perro y al revés.

    Un día, el dueño del conejo fue a pasar un fin de semana en la playa con su familia y dejaron al conejo en casa. El domingo por la tarde, el dueño del perro y su familia tomaban la merienda, cuando entro el pastor alemán a la cocina.  Traía el conejo entre los dientes, muerto y  todo sucio de tierra.

    La primera reacción fue culpar al perro y enojarse con él. En pocas horas llegarían los vecinos ¿Que les iban a decir? Lo primero que se les ocurrió fue bañar al conejo y dejarlo bien limpito por lo menos para que los niños pudieran despedirse de el. Y así hicieron y lo dejaron en su casita del patio. Apenas llegaron los vecinos, oyeron a los niños gritar y uno de ellos fue corriendo hasta la casa cercana para contar lo que había sucedido: “!El viernes antes de irnos el conejo se murió y lo enterramos y ahora al volver lo encontramos nuevamente en su casita!”.

    La historia termina aquí Lo que ocurrió después no importa. El gran personaje de esta historia es el perro que, sin haber hecho nada, cargo con toda la culpa. Imagina al pobrecito, desde el viernes, buscando en vano a su amigo de la infancia. Después de mucho olfatear, descubrió su cuerpo muerto y enterrado. ¿Qué  hizo El? Probablemente con el corazón partido, desenterró a su amigo y fue a mostrárselo a sus dueños, imaginando poder resucitarlo. Sin embargo otra fue la historia imaginada a partir de la cual fue culpado…

    UN PASILLO BLANCO Y ESTRECHO

    May 9

    por Norma Menna

    Las piernas me pesan, en algunos momentos percibo que por mis venas corre un caudal de sangre intrépido que se frena abruptamente para  chocar con una superficie y luego continuar su camino.

    Alguna vez leí que las paredes venosas son de pequeño espesor con escasas  fibras elásticas, en consecuencia pueden ser fácilmente comprensibles y distensibles.

    Al bañarme, me froto las piernas para amortiguar esa sensación de recorrido interno inestable.

    Pienso en las cosas de pequeño espesor, me cuesta trabajo  identificarlas. La fragilidad es un concepto relativo.

    La sangre me golpea el tobillo y ahora se puso más espesa. Una pierna y la otra, despacio, una pierna y la otra, así camino. La pesadez se hace intolerable.

    El pasillo que separa mi habitación de la cocina es pequeño, pintado de blanco sin adornos. Es uno de esos pasillos que no se visualizan, no hay nada que me haga querer quedarme unos instantes. Sólo paso de la habitación al baño y del baño a la cocina.

    Recuerdo cuando era niña e iba a comprar los útiles para la escuela. Compraba mapas, papel para forrar los cuadernos, etiquetas, papel de calcar, tinta china. Me gustaba ponerle a los dibujos calcados unos esquineros, no recuerdo el nombre. El quiosco, era una casa de una familia que utilizaba el ambiente de la entrada para la venta. Unos mostradores vidriados largos, unos estantes, poca luz. Siempre la señora alta, de piel blanca y cabellos cortos y claros, estaba detrás de esos muebles. No se cómo eran sus piernas, no me las imaginaba.

    Vuelvo a mi habitación a recostarme. Apago la luz y trato de dormirme.

    Me entretengo golpeando los dedos sobre una silla que está a mi lado. Golpeo despacio, despacio, más fuerte, ahora en forma constante con los mismos intervalos.

    Siento calor, enciendo la luz y la apago. Tomo un libro y lo dejo. Mis pensamientos golpean y se instalan. Las pérdidas.

    Pienso en mis piernas, en la fragilidad capilar. Las sillas de ruedas. Hoy lloré porque Naoko[1] se suicidó. Me vino a la memoria el Almohadón de Plumas de Horacio Quiroga.

    Tocan el timbre, pero no voy, no es para mí. Me enojo por lo que pudo ser y no fue.

    Quiero caminar. Hoy voy a salir para caminar varios kilómetros. Pienso en mis zapatillas, cuál me pongo. Mejor las  grises y rosas, las negras de cuero acordonadas, o las grises con aire. De todas las remeras, cuál selecciono, seguro una larga de color negro, tal vez una campera liviana. Creo que llevaré la mochila pequeña con algo de agua.

    Fui al sanitario, salí de la habitación y volví rápido. Es la hora de salir a caminar, tal vez hoy camine cinco kilómetros.

    Estoy cansada, las piernas me pesan. Mis paredes venosas están debilitadas y no pueden regresar a ser como eran cuando yo sólo era una niña de edad escolar.

    No  sé a qué hora voy a ir a caminar.  La circulación venosa está especialmente expuesta a las presiones extravasculares y otros factores mecánicos externos. La tarde se está nublando, por la ventana cerrada de mi habitación llego a percibir las nubes y un aire fresco que anuncia una lluvia.

    Guardo la ropa deportiva en mis pensamientos.  La fragilidad de las emociones.  Los hematomas del alma.

    Me levanté para ir a orinar, las piernas me pesan, se me hicieron múltiples hematomas. Cruzo el pasillo blanco sin adornos. Camino lentamente porque las válvulas tienden a ensancharse cada vez más y la sangre se descontrola.

    Cuando regrese a mi cama voy a pensar en ir a caminar. Tal vez mañana, hoy va a llover, ya es tarde.

    Pienso en la película la flor del cerezo. La sangre me ahoga, la debilidad me asfixia.  Las venas se estrangulan y me presionan. Quiero levantarme para ir al baño. No puedo pasar por el pasillo, es tan pequeño que no tengo espacio.

    Un líquido caliente corre por mi ropa y se desliza por las piernas.  Lo toco con mis dedos, mis uñas se manchan de rojo.


    [1] Personaje del libro Tokio Blues de Murakami.

    LOS GRITOS DE LA VECINA

    January 17

    Silvia Elías

    Del libro Antología II de cuentos. Taller Literario de la Escuela de Arte Banfield Teatro Ensamble

    Esa noche el profesor tomó la decisión. “Nada más inútil que resignarse y en esta situación es ella o yo”. Se trataba de la señora de la casa contigua. Estaba loca y de noche, poseída, gritaba. Años llevaba él de vigilia nocturna por esa vecina insignificante, sólo visitada una vez al mes por familiares que a regañadientes aportaban su presencia formal.

    El profesor era esencialmente confuso. Por un lado, participaba con mucho entusiasmo de sentimientos y terapias de vidas pasadas, como buen apasionado a los relatos sobrenaturales, y por otro, mostraba dificultades para afrontar problemas que excedieran la racionalidad.

    Los gritos nocturnos de su vecina, además de convertir su vida en un tormento, golpeaban las puertas de sus miedos, de las fantasías que no deseaba exhibir ni reconocer ante sí mismo. Sus noches en vela se complicaban con los fantasmas que lo visitaban cada vez con mayor asiduidad.

    Hace un tiempo pensó en mudarse, pero carecía de recursos suficientes y si vendía la casa debía repartir lo cobrado como una herencia en vida con su ex esposa y sus hijos. Recurrió a otras alternativas como llamar a la policía, que resultó un intento infructuoso ya que la acusada era inimputable. Ni siquiera, por su edad y su estado, pasible de arresto.

    Para el profesor, muy ético, el bien y el mal estaban claramente delimitados como si a sus componentes los hallara en catálogos rigurosos. Por eso nunca quiso hacerle daño a la señora que a esa altura de los acontecimientos era para él la representación personificada del mal. Pero la vida lo arrinconaba a buscar su salvación. En Internet navegó en búsqueda de respuestas a la frase “cómo deshacerse de alguien que te complica la vida”. La red no le dio alternativas válidas, él no era un asesino, y del millón de respuestas surgidas ante la consulta, la mayoría explicaba que la desaparición física era el camino más productivo y eficaz.

    En este caso Ernesto hizo su aparición como ese amigo que siempre existe dispuesto a colaborar en el momento oportuno. Le ofreció ocuparse de acallar a la señora molesta. El profesor contuvo el arrebato de interrogarlo acerca de los métodos que utilizaría para tal fin, prefirió permanecer alejado de tales detalles y aceptó la propuesta. Le recomendó que el remedio no fuera peor que la enfermedad, lo cual significaba que no deseaba pasar el resto de su vida en una cárcel, ni siquiera sospechado de cometer hechos inmorales. También le recomendó que el vecindario conocía su situación y por lo tanto nada de lo que hiciese debía vincularlo con acciones ilegales.

    A la semana siguiente tuvo novedades. Encontró un mensaje de Ernesto que decía “Listo. Las pruebas de haber cumplido contigo, querido amigo, quedan en tu propia casa. Un abrazo y que duermas bien”. Sintió escalofríos y corrió a su jardín desde donde pudo constatar que la señora estaba sana y salva juntando, como era habitual, las hojas de un árbol imaginario. Respiró profundamente aliviado y sonrió con placer. “Veremos si es cierto —pensó— por lo pronto, no soy un criminal.

    Esa noche volvieron los gritos, pero ya no provenían de la casa vecina, eran aún más cercanos. Gritos desgarradores y sin pausa. Salió desesperado al hall de entrada y eran más agudos. Provenían de un frasco de vidrio que contenía una pequeña lengua con vida y desangrada, dispuesta a seguir cumpliendo su misión.

    Al profesor esta situación le jugó una mala pasada. La morgue puso un cartel sobre la bolsa transparente que transportaba su cuerpo indicando muerte súbita sin antecedentes, ni explicación.

    Para descargar el relato a haga clik en el siguiente link

    LOS GRITOS DE LA VECINA

    SERRAT – Poema de Amor

    October 22

    EL HOMBRE QUE ESPANTABA ELEFANTES

    October 18

    Relato 1

    Un hombre daba palmadas cada diez segundos. Una persona le pregunta por el motivo de tan raro proceder. El hombre responde “Para espantar elefantes”.

    ¿Elefantes? Pero si aquí no hay elefantes.

    Replica: Y pues, ¿ve usted?

    Relato 2

    Mulá Nasrudin estaba un día rodeando su casa con un círculo de migajas de pan. Un paseante se detuvo y le preguntó la razón de aquel singular proceder.

    —Es para protegerme de los tigres —contestó seguro de sí mismo Nasrudin.

    — ¡Pero si aquí no hay tigres!

    — Sí — dijo Nasrudin. Ya ves que funciona.

    Para reflexionar
    Paul Watzlawick expresa en su libro:
    “La moraleja de la historia es que rechazar o eludir una situación peligrosa de buenas a primeras parece ser la solución más razonable, pero, por otra parte, también garantiza la permanencia del problema.
    La evitación eterniza el problema.

    Omar Kurdi y Pedro Palao Pons invitan a reflexionar:
    Por otra parte nos abre los ojos para decirnos que nuestra lógica, aunque nos parezca la única posible, no es la única existente. A veces la solución a nuestros problemas está en saber escuchar a otros que, mirando las cosas desde otra perspectiva, nos pueden ayudar mucho más de lo que pensamos.

    Fuente:
    Del libro
    El arte de amargarse la vida. Paul Watzlawick
    Del libro
    Cuentos Sufís. La filosofía de lo simple. Omar Kurdi y Pedro Palao Pons.

    NO DIVIDAS Y REINARÁS

    October 18

    Del libro Cuentos Sufís. La filosofía de lo simple. Omar Kurdi y Pedro Palao Pons.

    Cuentan que lo único que cierto sabio sufí dejó en herencia a sus cinco discípulos fue una hermosa alfombra de oración cuadrada.

    Cuando hubo pasado el duelo por la muerte del maestro, los discípulos decidieron separarse. Cada uno quería quedarse con una parte de la alfombra como recuerdo, pero no sabían cómo dividirla.

    Discurrieron durante largo tiempo para encontrar la solución. No les gustaba la idea de partirla en cinco bandas. Ellos preferían dividirla en cinco pedazos cuadrados ya que de esa forma podrían honrar mejor las enseñanzas de su maestro. Sin embargo, a ninguno de ellos se le ocurrió una solución aceptable, de modo que continuarán juntos, y juntos siguieron orando ante la alfombra.

    Para reflexionar:
    ¿Cuántas veces hemos escuchado o también hemos sufrido ante la pérdida de nuestros padres, hechos de separación, disputas entre hermanos por herencias o cosas de naturaleza material?
    ¿Cuántas veces caminamos solos sin apreciar que es mejor estar acompañados?
    En nuestros trabajos, ¿Sabemos valorar el aporte de los demás, trabajar en equipo o imponemos nuestro pensamiento?

    GENTE

    September 21

    Hay gente que con solo decir una palabra
    Enciende la ilusión y los rosales;
    Que con solo sonreír entre los ojos
    Nos invita a viajar por otras zonas,
    Nos hace recorrer toda la magia.

    Hay gente que con solo dar la mano
    Rompe la soledad, pone la mesa,
    Sirve el puchero, coloca las guirnaldas,
    Que con solo empuñar una guitarra
    Hace una sinfonía de entrecasa.

    Hay gente que con solo abrir la boca
    Llega a todos los límites del alma,
    Alimenta una flor, inventa sueños,
    Hace cantar el vino en las tinajas
    Y se queda después, como si nada

    Y uno se va de novio con la vida
    Desterrando una muerte solitaria
    Pues sabe que a la vuelta de la esquina
    Hay gente que es así, tan necesaria. (*)

    Hamlet Lima Quintana

    Nació 15 de septiembre de 1923 en Morón, provincia de Buenos Aires y fallecido el 21 de febrero de 2002 en Buenos Aires. Fue un poeta argentino, autor de más de cuatrocientas canciones entre ellas la popular “Zamba para no morir”. Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Hamlet_Lima_Quintana

    (*) Estos versos, con especial énfasis en Hay gente que es así, tan necesaria, se los dedico a PATRICIA SOSA.

    EL VIEJO, EL NIÑO Y EL BURRO

    September 18

    Y como comienzan los cuentos, había una vez:
    Un anciano y un niño que viajaban con un burro. Caminaban y cuando atravesaban un pueblo, un grupo de niños se rió de ellos gritando:
    — ¡Mira que par de tontos! De manera que tiene un burro y van los dos andando, por lo menos el viejo podría subirse a él.
    Entonces el anciano se subió al burro y ambos siguieron la marcha. Al pasar por otro pueblo algunas personas se indignaron al ver al viejo sobre el burro y dijeron:
    —Parece mentira. El viejo viaja cómodo sentado en el burro y el pobre niño caminando.
    Viejo y niño intercambiaron sus puestos.
    Al llegar a la siguiente aldea, la gente comentó:
    — ¡Esto es intolerable! El muchacho sentado en el burro y el pobre anciano caminando a su lado.
    Puestas así las cosas, el viejo y el niño se subieron al burro.
    Poco después venía un grupo de campesinos por el camino, los vieron y exclamaron:
    — ¡Es vergonzoso lo que hacéis! Vais a reventar al pobre animal.
    El viejo y el niño tomaron la determinación de cargar al burro sobre sus hombros, pero entonces la gente se mofó de ellos diciéndoles:
    — ¡Nunca vimos una gente tan boba. Tienen un burro y en lugar de montarlo lo llevan a cuestas!
    De repente el burro se revolvió con fuerza y se desplomó en un barranco encontrando la muerte.
    El viejo súbitamente instruyó al muchacho:
    —Querido mío, si escuchas las opiniones de los demás y les haces caso acabarás más muerto que este burro. ¿Sabes lo que te digo? Cierra tus oídos a la opinión ajena. Que lo que te dicen los demás te sea indiferente. Escucha únicamente la voz de tu corazón.

    Nota: El cuento figura en un cuaderno que encontré con el nombre “Cierra tus oídos”. Posteriormente lo busqué en Internet y hallé que fue escrito por Miguel Agustín Príncipe. Sin embargo, la versión que transcribo no es la original del autor, es como llegó a mi persona.

    El cuento original termina:
    Dijo el viejo: -¡Voto va! ¿Con que no podemos ya acertar de ningún modo? Hagamos lo que nos cuadre, sin hacer caso el menor de ese mundo charlador, llore o ría, grite o ladre. Esté limpia la conciencia, que es el deber principal, y en lo demás cada cual consulte su conveniencia. Por nada, pues, ya me aburro en un mundo tan ruin: Conque… arriba, chiquitín, que es lo mejor.- ¡Arre, burro!

    Tesoro, del latín thesaurus, es definido como una concentración de riqueza inmovilizada, especialmente de piedras y metales preciosos, monedas, joyas. También es muy habitual denominar tesoros a las manifestaciones artísticas excelsas.

    La experiencia de ver y tocar estos tesoros, lo que fue realizado y usado por hombres y mujeres, sus pensamientos, costumbres, creaciones, nos permite evocar y nos invita a aprehender del pasado.

    Las creaciones humanas, desde las pinturas rupestres, cerámicas, libros, cuadros, monumentos, artefactos, rituales, los relatos transmitidos de generación en generación, las experiencias de vida son las pruebas tangibles de nuestra identidad,
    mediante los cuales nos reconocemos y somos reconocidos.

    Este BLOG, para mi es un Tesoro, en el que voy a volcar algunas experiencias, relatos, fotos, curiosidades, como concentraciones de riqueza para compartir con vos. Así podré reconocerme y reconocerte. Es un Tesoro Viviente movilizado y movilizante.

    Norma Menna
    Primavera, 2010.