September 18

Y como comienzan los cuentos, había una vez:
Un anciano y un niño que viajaban con un burro. Caminaban y cuando atravesaban un pueblo, un grupo de niños se rió de ellos gritando:
— ¡Mira que par de tontos! De manera que tiene un burro y van los dos andando, por lo menos el viejo podría subirse a él.
Entonces el anciano se subió al burro y ambos siguieron la marcha. Al pasar por otro pueblo algunas personas se indignaron al ver al viejo sobre el burro y dijeron:
—Parece mentira. El viejo viaja cómodo sentado en el burro y el pobre niño caminando.
Viejo y niño intercambiaron sus puestos.
Al llegar a la siguiente aldea, la gente comentó:
— ¡Esto es intolerable! El muchacho sentado en el burro y el pobre anciano caminando a su lado.
Puestas así las cosas, el viejo y el niño se subieron al burro.
Poco después venía un grupo de campesinos por el camino, los vieron y exclamaron:
— ¡Es vergonzoso lo que hacéis! Vais a reventar al pobre animal.
El viejo y el niño tomaron la determinación de cargar al burro sobre sus hombros, pero entonces la gente se mofó de ellos diciéndoles:
— ¡Nunca vimos una gente tan boba. Tienen un burro y en lugar de montarlo lo llevan a cuestas!
De repente el burro se revolvió con fuerza y se desplomó en un barranco encontrando la muerte.
El viejo súbitamente instruyó al muchacho:
—Querido mío, si escuchas las opiniones de los demás y les haces caso acabarás más muerto que este burro. ¿Sabes lo que te digo? Cierra tus oídos a la opinión ajena. Que lo que te dicen los demás te sea indiferente. Escucha únicamente la voz de tu corazón.

Nota: El cuento figura en un cuaderno que encontré con el nombre “Cierra tus oídos”. Posteriormente lo busqué en Internet y hallé que fue escrito por Miguel Agustín Príncipe. Sin embargo, la versión que transcribo no es la original del autor, es como llegó a mi persona.

El cuento original termina:
Dijo el viejo: -¡Voto va! ¿Con que no podemos ya acertar de ningún modo? Hagamos lo que nos cuadre, sin hacer caso el menor de ese mundo charlador, llore o ría, grite o ladre. Esté limpia la conciencia, que es el deber principal, y en lo demás cada cual consulte su conveniencia. Por nada, pues, ya me aburro en un mundo tan ruin: Conque… arriba, chiquitín, que es lo mejor.- ¡Arre, burro!