May 9

Carta al escritor del libro: El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas
Por Norma Menna

Mis días transcurrieron entre personajes sin nombres.
Crucé con vos y la señorita de rosa por las tierras de los tinieblos.
Me mojé y respiré el aire nauseabundo del subsuelo.
Sentí la soledad, el frío de los inviernos del Fin del Mundo.
Vi morir a los unicornios.
Te vi llevando tu sombra.
Hoy terminé de leer el libro y tuve que salir a caminar. El mundo de mis formas estaba desordenado.
Los recuerdos, los olvidos, los recuerdos, los olvidos. Mi mundo, el mundo, los mundos, los recuerdos, los olvidos. Mi mundo estructurado, un mundo imaginario.
Vi romper tu departamento, la ropa, la comida, la bebida, los equipos. Me dolió tu herida.
“Entonces se oyó el fragor inconfundible del agua. El sonido del agua brotando, a un tiempo, de los innumerables pozos que habíamos sorteado. Además no era una cantidad de agua insignificante […] ¿Hasta dónde subirá el agua? […] Hasta bastante arriba […] El nivel del agua ascendía sin pausa […]”
“Eran las siete y diez de la mañana. La hora en que todas cadenas de televisión emitían los informativos matutinos. Mientras daba cuenta del desayuno, la gente de la superficie estaría embutiéndose en sus cabezas somnolientas el parte meteorológico […]”
Hoy terminé de leer el libro, a siete días del terremoto [11 de marzo a las 14:46].
Escritor del libro, tomé tus palabras “Al cerrar los ojos, pude percibir claramente cómo se tambaleaba mi corazón. Fue una sacudida tan grande y profunda, más allá de la tristeza y de la soledad, que removió mi ser desde los cimientos. Aquel vaivén no cesaba. Hinqué los codos en el respaldo del banco para soportar la sacudida. Nadie me ayudó. Nadie podía socorrerme. Del mismo modo que yo no podía ayudar a nadie.
Hubiera querido deshacerme en lágrimas, pero no podía llorar. Era demasiado mayor para hacerlo, había tenido demasiadas experiencias en mi vida. […] La tristeza cuando es tan profunda, ni siquiera permite metamorfosearse en lágrimas.”
Murakami, mi tristeza es muy profunda, siento la tristeza de tu pueblo. No sé si habrás llorado.