August 27

Mburukuja En ciertas épocas coloniales, en las misiones del nordeste argentino arribó un sacerdote. El mismo atravesaba diariamente la selva en busca de indios para convertir a la nueva Fe.

Y ocurrió que cierta vez, al cruzar un claro, oyó un apremiante sollozo infantil. Se trataba de una niña que se había resguardado entre las endebles ramas de un frágil árbol al ser acorralada por un fiero yaguareté.

Dirigió el misionero sus pasos hacia el preciso sitio, atrayendo así sobre sí mismo el furioso ataque del yaguareté, en tanto instaba a gritos a la desesperada criatura a que huyera para ponerse salvo.

En ese interín, la fiera, cambiando de presa rápidamente, se arrojó sobre el sacerdote quitándole la vida del modo más horrendo, a zarpazos y mordiscos. La abundante sangre que brotó del cuerpo del valiente hombre empapó el poroso suelo, y al poco tiempo emergió allí una planta, el Mburucuja o pasionaria, y su flor cumple con la misión de recordarle al mundo la belleza de quien sufre por el bien de los demás. Así al menos cuentan las leyendas…

Otra versión de la leyenda:

Aunque la palabra maracuyá proviene del guaraní Mburukuja que significa “criadero de moscas”, debido a la dulzura de su néctar, atractivo a la hora del desove de estos insectos, el sobrenombre de “fruta de la pasión” tiene su origen en dos mitos. El primero, cuenta que Mburukuja era una joven doncella hija de un capitán español que había llegado a tierras guaraníes para enamorarse de esa tierra… y de un aborigen guaraní.

En medio de su pasión, cuenta la leyenda, la joven se entera que su familia planeaba casarla con un joven militar español. Ante esto, ruega que no le obliguen a unirse con quien no amaba. Confiesa entonces que mantiene una secreta relación con un guaraní, quien todas las noches entona una dulce melodía con su flauta en el jardín, en el lugar donde ella vivía, embriagándola con su música…

Un día, prosigue el relato, Mburukuja dejó de escuchar la dulce melodía de su amado. En lugar del joven guaraní, acude a la cita una mujer guaraní como su amado, quien le cuenta a la doncella la manera en que su hijo había sido asesinado por el ejército de su padre, que sabía también del romance. Y sin duda deseaba su muerte. La joven pide entonces a la madre de su amado que le muestre el lugar donde yacía este. Una vez allí, cava la fosa con sus propias manos y pide a la mujer, antes de clavarse una flecha en el pecho, que la cubra con tierra, pues quería descansar eternamente junto a su ser amado. Desde entonces, dice la leyenda, los aborígenes de la zona advierte unas extrañas flores que brotaban de las plumas de la flecha con la que Mburukujá acabó con su vida: una flor que la leyenda bautizó como la pasionaria.

El segundo mito sobre el origen del nombre de fruta de la pasión tiene que ver con la similitud de su flor con la corona de espinas que portó Jesús camino al Gólgota. Se sostiene que este parecido indujo a los colonizadores españoles a nombrarla como fruto de la pasión, pues compararon el hecho de llevar estas espinas con lo que significó esto para el Cristo…

Fuente:
http://mboeharaidaavila.files.wordpress.com/2011/04/mombeupy-mburukuja-leyenda-de-la-flor-del-mburukuja.docx